Secretos.

No puedo condenar el acto con palabras tan sencillas. El eco de aquella noche sigue aprisionando el sentido racional de mi ser. ¿Acaso fui capaz de recrear tal escena? Mis uñas siguen guardando sangre de aquel ser, y aquella piedra lleva memoria de arma maldita. Sigue sobre el buró blanco. La luz de mi lámpara le da un brillo espeluznante. Me mantengo encerrada en mi cuarto, con la esperanza de salir y ver que tan sólo fue una pesadilla. Con la esperanza de que todo se ha olvidado ya.

Todo era tan normal, tan sencillo y aburrido como siempre. Despertarme y checar enseguida el correo y las redes sociales. Esperar un inbox de su parte. Escuchar las aves cantar a lo lejos. El día estaba escrito ya; verlo a medio día y disfrutar de su presencia, de su voz. Terminar con una sonrisa en los labios y finalizarlo con un pensamiento antes de dormir. El recorrido hasta casa siempre me causó tranquilidad. Una hora de viaje, o eso suponía aquel viernes. Sigo perpleja.

Fui a verlo a Guanajuato, por segunda (o tercera) ocasión. Llegué 3 minutos antes que él a la central de autobuses. Las personas ahí miraban a su alrededor, desesperaban el tiempo. Ignoré todo y observé cómo Víctor atravesó el concurrido lugar y empezaba a buscarme. Yo quería asustarlo por detrás, pero giró antes de tiempo. Lo abracé y me abrazó. Charlamos un rato mientras esperábamos el autobús que nos llevara a Pozuelos, un centro comercial pequeño, pero que sin duda su arquitectura es de las más hermosas que he visto. FÓSILES en el piso y azulejos. En todos lados. Pasó media hora y el autobús no pasaba. En ese tiempo platicamos de todo: Su estatura, el color de mis ojos, su cabello, su rebeldía... Y la mía también, el partido de rugby que descuidó, videos quiroprácticos rusos, la gata Misifu, inseguridades, y demás cosas extrañas. Pasó tan rápido el momento con un poco de lluvia, hasta que llegó el autobús y partimos. Un viaje de 15 minutos pasando por varios túneles y paisajes hermosos que llegamos a comparar con algunas carreteras del Distrito Federal. Terminó el recorrido en una glorieta. Cruzamos parte de la carretera por un puente peatonal, donde en una de sus orillas se encontraban varios mensajes de amor escritos con tinta negra; permanecían intactos a través del tiempo. Romeo le declaraba su amor a Julieta. Ni los siete sabios de Grecia impidieron su amor.

-No entiendo la poesía. Me confunde y nunca la capto. -Musitó.
-Pasa que de eso se trata, que te confundan y te lo lleves en el pensamiento por buen rato.
-Ya lo sé, pero lo olvido porque no lo entiendo.
-Ya te escribiré algo tan directo como quieres.
-Eres un amor.

Llegamos al centro comercial y el clima incitaba una pequeña llovizna  con un poco de viento. Mi cabello ondeaba sobre mi cara impidiendo mi vista. Victor observaba sorprendido (como siempre) la cañada que se veía al fondo. Caminamos y nos metimos rápido al cine a buscar la película. "El gran Gatsby" fue la afortunada. Compramos los boletos con varias discusiones al pagar y nos fuimos a comer una ENORME pizza. Platicamos, y me comparó con Fernanda... Algo tendré de ella que no me quiso decir. Habló de su vida en pocas palabras: Nació en el D.F., creció en Pachuca, y vive en Guanajuato. Ya recorrió la mayoría del territorio mexicano. Me sigue sorprendiendo.
Nos salimos un momento de la plaza y nos dirigimos a la cañada que observamos antes. Nos abrimos en confianza, física y mentalmente. De ambas. Su voz supo dominarme en todos los sentidos. Mis miradas supieron dominarle también. Callamos un momento y reímos. No más, ni menos. El clima nos incitaba a muchas más cosas. Se levantó del lugar donde nos encontrábamos y recogió un cuarzo semitransparente, de tamaño considerable, con una de sus orillas tan filosas que llegó a cortarle un pedazo de su piel. La metió en una bolsa de mi pantalón y pidió que la guardara como si fuera un diamante. Su debilidad eran los minerales y las piedras. Entendí el por qué no dejaba de observar mi dije. Olvidamos el cuarzo y continuamos con las cosquillas que dominaban el asunto. Observó mi blusa y tocaba suavemente la tela.

-Te gustan los cuadros ¿Verdad?
-Sí. -Afirmé con una sonrisa
-Lo he notado en tus fotos. Siempre usas blusas con cuadros.
-Es un gusto no reconocido.
-Esta es única. Tiene cuadros de muchos colores. Gris es la base, pero los detalles en blanco y rojo, combinado con ese  hermoso collar que llevas te hace ver muy bien.
-Gracias.

Nos retiramos a la hora correcta para ver la película. Entramos a la sala del cine sin antes haber comprado un helado y una bebida. A la mitad de la película, una hermosa actriz encendía un cigarrillo con nerviosismo.

-Se me antojó fumar. -me susurró muy cerca del oído.
-Salimos y vamos por uno ¿Te parece?
-Me parece excelente.

Salimos tarde de ahí, cerca de las 9 de la noche. Empezaba a lloviznar un poco, pero no era excusa para darme prisa. Su pensamiento le hacía creer que el ogro de mi padre podría mantenerme encerrada en la torre del castillo por muchísimo tiempo. Quería que llegara bien a casa. Su mirada me lo decía.

Bajamos caminando al centro pasando por un par de túneles, platicando de la homosexualidad de su hermano y el machismo de su padre. Llegamos a la Plaza Ángeles, aquella que se encuentra al pie del callejón del beso. Callejón vecino a donde él vive. No conocía Guanajuato por la noche, y las luces me incitaban a escaparme más del tiempo. Sin más, Víctor me invitó a caminar por tan hermosa ciudad.

-Nunca te he visto fumar. -murmuró
-Yo tampoco te he visto a ti.
-Vamos a por un cigarrillo. Tengo muchas ganas de verte expulsar el humo de tu boca.
-Sólo es humo, como aire. Pero vamos, ansío verte también.

Caminamos por las calles inundadas de tunos que vendían los lugares para las callejoneadas, entre gente extranjera, restaurantes finos y muchos, muchos estudiantes. Nos detuvimos un momento frente al Teatro Juárez, observando su hermosa arquitectura, sus musas que nos mataban con aquella mirada. Casa Valadez nos ofrecía un exquisito aroma, pero el azúcar en nuestro cuerpo era demasiada para cenar. Llegamos al Jardín de la Unión a comprar los tubos de tabaco. Coloqué uno en sus labios, y por un momento casi dejo caer aquel cigarrillo por observar la delineada curva de su sonrisa. Los encendimos y nos alejamos de ese lugar. Recorrimos el jardín hasta llegar al callejón donde se encontraba ese hermoso reloj. Nuestro reloj. Nos sentamos en una vieja banca de metal a observar la luz que en el fondo daba vida sólo a la estructura.

-Es mío. -Le susurré al oído.
-No, yo lo vi primero.
-Quédatelo, no funciona.
-Nah.
-Te lo cambio por el del mercado.
-No, ese tiene más valor que éste.
-Eiffel, supo enamorar gente con su reloj.
-Hoy lo ha hecho.

Fumamos los cigarrillos con el suave viento que hacía y mantuvimos la mirada por un largo momento. Como se mantiene cuando piensas en algo tan profundo y sale el alma del cuerpo. Como cuando te detienes y observas lo inmaterial. Así fue un momento, y las campanadas de aquella iglesia desviaron nuestra respiración. Discutía el por qué no podía pronunciar la palabra ESCALOFRÍOS. No había explicación. Los cigarrillos se habían calcinado. En todo el tiempo que estuve con él, no dejó de hacerme cosquillas. En el autobús, caminando, en el cine y frente al reloj trató de tener contacto físico con aquellos toques. Me abrazó tranquilamente enjaulándome en sus brazos, y con un suave movimiento picó una de mis costillas. Dí un brinco como consecuencia y, sin querer, golpeé su mandíbula con mi frente. Me sentí culpable, pero me las cobré. Observamos la hora en el celular al mismo tiempo.

-Es tarde, tengo que irme ya. -Le miré a los ojos.
-¿Y si te quedas a dormir?
-Podría, pero me salí sin permiso. Estoy enojada con mi madre. Pero si tú quieres...
-No quiero que tengas problemas en casa. Pero hoy mi roomie trabaja en la noche, puedes dormir en su cama con Misifu.
-Invítame una noche a vagar por Guanajuato.
-La próxima vez.
-Perfecto.

Partimos del lugar caminando hasta el mercado. El frío ya se hacía presente y el autobús que llevaba a la central no pasaba. Los taxis se negaban a llevarnos. Duramos buen rato esperando a que alguno de ambos nos llevara. Pasamos ese tiempo hablando sobre la piedra roja en forma de corazón que llevaba puesta, su graduación que en unos años se acercaba, el baile que se haría, la película que vimos, y una vez más las miradas se encontraron. Sin permiso tomó mi mano y me agarró de la cintura y empezamos a bailar, entre tantas miradas. No sé cómo lo hice. Pasó más tiempo y nos desesperamos, comenzamos a caminar por la avenida hasta llegar a una intersección. Dimos vuelta a la izquierda y pasamos frente a una iglesia muy vieja. Seguimos caminando 100 metros y llegamos a un parque. Nunca había pasado por ese lugar. Era tan bello y tenebroso a la vez. Los bustos de los personajes Guanajuatenses que yacían ahí mantenían vigilado el lugar de noche. Antes de entrar a ese parque yo ya le había tomado el brazo a Víctor. No pretendía nada más en ese momento, hasta que, cuando caminábamos entre aquellos bustos de metal, tomó mi mano y la bajó hasta la suya, fundiendo el acto con una sonrisa.

-¿Ya viste qué hay allá? -Comenté.
-No, ¿Qué hay?
-¡Otro reloj!
-Si funciona, es mío.
-No, yo lo ví primero.
-Vamos, y veremos quien se lo queda.

Lo único que funcionaba fue el segundero color rojo, se lo regalé.
Caminamos un poco más y llegamos a una glorieta un tanto singular para tomar un taxi, y después de un buen rato llegamos a la central.

-No quiero que te vayas. -Me susurró al oído mientras me abrazaba.
-Ya nos veremos después, créeme.
-Ni quiero dejar de abrazarte.
-Si no me voy ahora, no llegaré a León y me iré hasta Mazatlán.
-En ese caso voy y compro un boleto también.
-Un día te robaré. Te lo prometo. -Dejé de abrazarlo.
-Está bien. Sólo por eso te soltaré. Adiós
-Adiós.

Y partí a casa, pasando por la carretera oscura, entre los secos matorrales, con el ligero olor a ácido sulfúrico del último accidente. Hasta ese momento todo pasaba con normalidad, pero a partir de mi descenso del autobús, inició el trauma psicológico del cual ahora me aferro.

Víctor pidió que le mandara un mensaje cuando llegara a casa. Lo hice a las 6 a.m. del día siguiente. Se molestó conmigo, pero no puedo darle explicación de la situación que cometí. Tan sólo pensar en la escena que viví ocasiona una pelea en mi mente. Si debo pagar por aquel crimen o seguir sin sentido moral realizando esa acción.

El bulevar es largo, con tránsito moderado, despreocupado. Un camellón dividiendo el sentido de los autos, con grandes árboles frondosos y otros pocos ya secos, resguardando aquellas aves que adoro escuchar y observar. Pero cuando la noche cae, todo cambia. El lugar se vuelve intransitable, oscuro... Peligroso. Era el único camino que tenía para llegar a casa. Continué pensando en lo bien que me la había pasado con Víctor ignorando el ruido que las aves hacían al dormir. Cantaba mis canciones favoritas en voz baja. A mi lado izquierdo se encontraba el bulevar, escuché un sonido y volteé a observar. Sabía que no eran los pájaros. Un taxi se detuvo y siguió andando a mi paso.

-¿Necesitas un taxi? ¿Quieres que te lleve a tu casa? Súbete. -Insistía el sujeto.

"Idiota" pensé. Ignoraba lo que decía, y seguía caminando esa calle sin más. En el momento escuché que bajaron del taxi, volteé y ví que el taxista se acercaba a mí. Con tanta agilidad. Usaba una gorra oscura, su barba me era familiar. Se lanzó contra mi. Mi cuerpo entró en shock y mis piernas habían dejado de funcionar. No podía gritar, ni mencionar palabra alguna. Me encontraba encerrada en mi propio cuerpo. Colocó una playera hecha bola en mi cara. Cloroformo. Comenzaba a pelear por mi vida. Tiraba de golpes y patadas. Intenté morderle pero me tiró un puñetazo en la mandíbula y caí confundida. Empecé a dormir. No recuerdo lo que pasó justo después de ese golpe, hasta que desperté en el mismo taxi, con oscuridad total, tan sólo las luces de la ciudad se miraban a lo lejos. Tardé buen rato en razonar lo sucedido. Me tranquilicé, y empecé a observar el lugar. El taxista miraba un punto fijo sobre el parabrisas. Miré mi cuerpo y me dí cuenta que estaba amarrada con un lazo. "Demonios" habló mi mente. ¿Pudo haber abusado de mi? "Maldito hijo de puta" Mi mente no dejaba de repetirlo. Recordé que llevaba el cuarzo que había encontrado Víctor en la cañada. Mis manos estaban sueltas y con sumo cuidado tomé la piedra y empecé a cortar el lazo en silencio, con el menor ruido posible. Me levanté poco a poco y observé que el taxista tomaba de una lata de Coca-Cola. Tomé la piedra por el lado filoso y me acerqué al asiento del piloto con mucha torpeza, pero siempre atenta a cualquier movimiento que el hombre pudiera realizar. Lo miré de reojo por el espejo retrovisor. La adrenalina ya corría por mi sistema nervioso. Era mi oportunidad.

Lo tomé por debajo de la mandíbula mientras empezaba a murmurarle la manera tan efectiva en que moriría. Se negaba a hacerlo con bruscos ajetreos. Su gorra cayó sobre sus piernas. Seguía aferrándome a su cuello. Mis manos temblaban. Con un simple movimiento pasé la piedra tomándola de aquella arista filosa por su yugular, de manera profunda y rápida. Los nervios de su cuello me obstruyeron por un momento, pero con un poco más de fuerza cedieron. Mis manos se habían manchado ya de sangre. Los ojos de aquel hombre me miraban y veía cómo a través de ellos su vida iba saliendo de su cuerpo. Sentí en un instante que sus manos habían tomado mi cabeza con fuerza, pasando sus dedos por mi cabello. Perdía resistencia con los segundos, la sangre seguía chorreando por su pecho y pequeñas gotas habían manchado mi cara. El volante estaba chorreando. Balbuceaba palabras que no entendía y seguía escupiendo sangre por doquier.

-¡Cállate! -Grité.

Empecé a temblar como nunca. Y la imagen de aquel hombre quedó grabada en mi cabeza ¿Acaso yo había cometido un asesinato, con una piedra? Mi mente estaba en blanco. Empecé a alterarme. Salí mareada del taxi, aun con el efecto del cloroformo y el dolor en la mandíbula. Debía limpiarme las manos ¿Cómo diablos lo haría sin dejar algún indicio? Me quité la blusa y acicalé mis manos en ella. Caminé hacia la carretera con el cuarzo dentro de mi puño y, con algo de calma, recapacitaba el hecho. Vi aquella estructura en forma de antorcha y supe donde estaba. A la cima del Cerro Gordo en dirección a Lagos de Moreno. Recordé que mi bolsa seguía en el taxi de aquel hombre muerto. No quería regresar por el miedo de verle aun ahí. Un gran error. Volví desesperada y miré por la ventana la manera en que su cuello se había desfigurado, el parabrisas salpicado de fluido rojo, aquella escena me aterrorizaba. Me armé de valor y abrí la puerta con la blusa enrollada en mi mano y pude observa por el espejo retrovisor sus ojos un tanto desviados, con lágrimas recorriendo un camino hasta su boca abierta, ya manchada. Dejé de respirar. Tomé la bolsa tan rápido como pude y salí corriendo de ahí, tratando de limpiar mi cara con mi blusa y guardando aquella piedra en el mismo bolsillo de mi pantalón. Corrí hasta la intersección  de la carretera y paré un taxi, con la ilusión de que no fuera como el primero.

-Al sur, por favor.
-Sí, como usted indique.

Busqué desesperada el teléfono en mi bolsa y me sorprendí con la hora y la infinidad de llamadas perdidas. Eran ya las 3:42 de la mañana y como pude le llamé a mi madre, fingiendo una voz que ni el taxista me creía. Le avisé que ya iba de regreso a casa.
Reflexioné el acontecimiento y cada uno de sus pasos en el viaje de regreso, y comenzaba a preguntarme si me habría saltado alguno. Cada uno estaba enumerado con una acción tenebrosa. Cada gota de sangre tenía su momento grabado en mi piel. Llegué muy rápido a casa, el tiempo no me bastó.

El auto se detuvo y le pagué al taxista. Abrí la puerta de mi casa con dificultad y con el típico rechinar que hacía. Caminé entre la oscuridad y me arrepentí de haberle chiflado a mis aves. Maldita costumbre. El foco de las escaleras estaba prendido en señal de que mi madre aun me esperaba. Me dirigí a la cocina a tomar agua. Quería llorar por haber vivido todo aquello, quería que alguien estuviera conmigo. Quería a Víctor. No podría dormir después de tal evento desgarrador.

Llegué a mi cuarto olvidando el miedo de la oscuridad de los pasillos, encendí mi lámpara azul y comencé a llorar en silencio sobre mi cama. Las imágenes de aquel suceso aparecían frente a mí. La cara de aquel hombre. Quería desaparecer por un instante, largarme de éste mundo. No quedaba más que seguir. Me levanté del colchón y me trasladé al baño. Prendí el foco y me observé en el espejo. Mi maquillaje se había corrido y aun tenía manchas de sangre seca sobre mi ceja y alrededor de mi cuello. Tenía un enorme moretón debajo de la oreja, en la mandíbula. Quité el listón azul de mi cabello y giré el grifo del agua fría. Me desnudé y me metí dentro de la regadera sin hacer nada. Dejando caer mi cabello sobre mi rostro oculté una mueca de dolor. Deseaba que el agua se llevara todo lo que se encontraba dentro de mi cabeza. Revisé mi cuerpo en busca de algún indicio de abuso. Nada. "¿Para qué me querría ese hombre?" Pensé. Salí de la ducha, me sequé con mi toalla color verde, y me puse mi ropa interior negra. Volví a la cama muy cansada y caí dormida por poco tiempo. Desperté 2 horas después y ví el mensaje de Víctor desesperado por saber de mi. Le contesté que mi teléfono se había descargado. Volví a dormir.

10 horas más tarde abrí los ojos de nuevo, pensando que sólo fue un sueño, como cualquier otro. ¿Lo hice o lo soñé? Ni yo podía explicarme cómo es que mi mente pensaba eso después de haberlo vivido. Cómo es que lo realicé, teniendo tanto miedo a ver morir a alguien. Me levanté de la cama y tomé mi celular. Busqué en internet la noticia, y en efecto, la encontré. "Hayan a degollado en la salida a Lagos. Se desconocen las causas del incidente." "¿Qué demonios cometí ayer? ¿Y sí me encuentran? ¿Si hago público el hecho? ¿Ahora qué haré?" Mi mente me agobiaba con cada pregunta.

Fui a la cocina por una botella de vodka y algo de jugo. Tomé desesperadamente de la boca del envase. "¿Podría hacerlo una vez más, por mero capricho? ¿Podría volver a manchar mi cara de sangre y revivir ese orgasmo?" Mi mente volvía y empezaba a jugar conmigo en otro estado... La ebriedad me mantenía con sed de matar.

Tendría que buscar a una buena presa, alguien que mereciera morir en mis manos. Alguien que no le importara a nadie, ni a mi. Ésta lluvia no me deja pensar bien. Pienso en 2 personas. La 1era va en mi escuela, su padre está muerto y su madre pocas veces le visita. Conozco su dirección, y la manera en que puedo llegar con él. Sexo casual. Aceptando su propuesta podría saciar mi sed. Una piedra y el momento perfecto. De la 2da conozco menos. Vive con su madre que le odia en Tijuana, una familia disfuncional. Amante de la escritura realista y detallista. Popular entre las redes sociales. Su visita a León confundía a muchos. Las primeras semanas se quedaría con su hermano y después mudaría a una casa privada... Sin que nadie más supiera de él. Tengo que conocer cada detalle de su miserable vida...

20 comentarios:

  1. Apuesto a que 3/4 del relato es verdad.

    No por nada sigo viendo ese collar en tu cuello.

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    1. Muérete maldito xD Ya sé quien eres. Jajaja, me alegro que hayas pasado con Trujillo :3 pasé con 79!!!!!!!!!!:D

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    2. Te digo tus verdades y luego luego me mandas a morir. Perdón por no mencionar mi nobre, es sólo que no tengo cuenta google y comentar de nuevo con mi identidad se vería muy tonto.

      Alcancé a pasar con 72, fue lo bueno. Y sí te cambiarás a la tarde? O seguirás en la mañana? Algo así me habia comentado Sara.

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    3. Es que eres el único que conoce la verdad, y pues que lo digas así nomás sí me saca de onda.

      Menos mal que sí pasaste. Y no creo, mi hermana también quedó en el tec en TICS y en la mañana.. No quedó de otra que seguir levantándome a las 5 am.

      Pues de echo teníamos pensado irnos a la tarde Sara, yo y David.. Pero David no pudo cambiar el horario de su trabajo, y yo por mi hermana... Pero Sara sí se cambiará a la tarde..

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    4. Entonces diré que la primera mitad es verdad y la segunda sólo son detalles que sí existen... Así?

      Con razón, que se veían tan decididos a irse los 3, después de que no alcanzaras cambio a la UG

      Creo que yo lo tomaré a medio día, a ver qué tal se hace.

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    5. Jajaja sí, así :p

      Pues es que en la mañana nos morimos de sueño, y en la tarde también.. Ahí estamos todos zombies.

      Un amigo así tiene el horario en la prepa... Y lo veo bien, a pesar de que deja muchas materias, como que ese horario se le acomodó bonito.

      Cuando te veré pues? El sábado hay fiesta a la salida Silao. Vamos.

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    6. Y luego, sí se hace o no con él?

      Oh con razón, pues ya ni modo, a seguirle. sabes que los números de las calificaciones no importan, eso es lo de menos. Lo que más se necesita es la habilidad, y tu tienes mucho más que esos cerebritos que andan por ahi.

      Fiesta? Falta que tiren nitrógeno. Sí vi el evento, igual y me lanzo y te marco para vernos y morderte tus cachetes

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    7. Ayayay, chismes.

      :) Gracias por tus ánimos. Y sí he notado cómo en la Uni se alzan sólo por tener buena calificación, ya me lo habían dicho y ya lo comprobé. Pero a la hora de la práctica son unos completos idiotas.. Más cuando esta carrera maneja lo sucio de la situación. Yo estoy acostumbrada por mi padre. Puedo abrazarle cuando está lleno de grasa y no me afecta.. Sí me vieran esos cerebritos hacer eso, me tirarían de mierda. Pero no me importa, cada quién tiene sus metas, y las mías están claras.

      Jeje pues quién sabe.. Abrá alberca y el requisito es llevar bikini xDDD
      Yo iré con 2 amigos de la secu, me andaré con ellos.. Igual si vas me marcas.
      Pero no me muerdas mis cachetes :c La otra vez sí me dejaste marca en mi brazo u.u

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    8. Yo quiero saber qué pedo con ese Víctor. Qué tal si es un violador... a ver.

      Claro que sí, mi pequeña saltamontes. Así de idiota está esa gente, que sólo piensa que son perfecto, cuando de seguro es la más infeliz del planeta. Déjalos que se mueran vírgenes o sin el amor de su vida. Todos otakos.

      Y dí que te irás semidesnuda a la fiesta con tus 2 amigos. Pero no importa, yo te morderé.

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    9. Ya nada, dejé de hablarle.. Y sí, sólo razonan así, creen que tienen el mundo a sus pies, cuando es todo lo contrario.

      Ve tú, no iré.. Ya verás.

      Un beso.

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  2. ¿Recibiste mi mensaje... Ángel?

    Tuyo, P.

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    1. Ambos están limpios. No hay mensajes. :/

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    2. ¿Aún es el mismo tu correo? ¿gf94...?

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    3. El mismo de siempre. Fíjate si lo escribiste bien.

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    4. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  3. No he sabido de ti en buen tiempo, espero que estés bien. El que no aparezcas en tus redes sociales me desconcierta, como siempre. Me preocupa no saber de ti. Llega el momento en el que decaes y piensas en miles de estupideces. He llegado a conocerte en ese aspecto tan patético de ti, y me tiene pensando en tus acciones.

    El 20 de Julio regresaré a León, y quisiera poder ir a visitarte a tu casa, claro, si estás de acuerdo en verme.

    Todo este tiempo sin saber de ti me ha llevado a imaginarte de la peor manera, como alguna vez lo hice. La situación actual me hace pensar que tu ya no estás aquí. Ya no escribes tus versos, ya no estás en tu fb, dudo que uses el whats, mis mensajes no los contestas, y tu teléfono celular ya ni suena. ¿Qué ha sido de ti Ángel? ¿Acaso no ves que tu Cielo te extraña? Al menos dame una señal de vida. No quiero ser como aquel hombre al que le dijiste que le ocultarías tu muerte. No quiero estar en la misma lista que él. Dime que aun sigues aquí.

    ¿Recuerdas aquél anillo que perdiste? Encontré uno igual, a la medida perfecta para una mujer tan bella como tú. Es para ti Ángel, y te pertenece. No quisiera llegar y que tu madre me diga llorando que has partido. Sigue conmigo aquí, aunque ya no pueda tocar tu mano.

    Te quiere, tu Cielo.

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