11-12...

Mi esencia de tristeza rodó en llantos de mil noches,
conoció los sueños vestidos de aguardiente,
calló los gritos en un incendio que imploraba 
las alturas que se desnudaban ante ti.
Aquellas que cobraban con un poco de amor.

Sentí la sed llorar en mis secos labios 
que lograba asfixiarme en tus horas infinitas.
Sentí la ausencia en las grietas de tus calles
cuando navegabas en mares desconocidos.
Me manché de las cenizas de tu alma
que olvidaste en el parque bajo la lluvia.
Sembré sombras de recuerdos para ti
que me seguían a regiones de otro tiempo.

Busqué un rastro tuyo en miles de cristales,
cuyas partículas se alojaban en mi cara.
Mantuve la esperanza de darte alegría,
de cantar sinfonías con el mudismo de tu voz.
Pero tu cielo azul conoció mi primavera...
Que quemó el suspenso de mi abandono.

Desprovista de tantos lenguajes,
mis sueños encadenaron tu aroma,
plasmando con dulzura en la tierra
la miel exquisita de tu venenosa voz.
Como el eco de tus noches olvidadas,
como el aroma de tu café frío,
reanimaste sueños marchitos
con las siluetas de tus días desiertos.

Hoy vivo enamorada de una flama
con el afán de diluirla en aquel hueco.
Agoté el tiempo de las estrellas
para forjar en mis sueños
lo que en mí no se plasmó.
Tu soledad a mis ojos se ciegan,
sin tormentos, sin sentimientos.
Cada beso saboreado en agonías,
surgido de una aurora fragmentada
   pasea esperando...                      Silencioso tu llegada.