Venme a ver al sol

Y soñarte diario mientras duermo, mientras vivo... Cuando te respiro y cuando te despides.
Que ansío chocar mis lentes en tus pómulos, besar tu barbilla y hundir mi nariz en tu cuello perfumado.
Y chocar mis labios con los tuyos, tenerlos a centímetros de mi, y beberte, y comerte... ¡saciarme de ti!
Sólo un minuto, sólo un sol sobre tu eje rotacional, que dure más de lo que te he tenido lejos de mí.
Ven y calla este encierro. Ven y grita tus besos en mis oídos. Ven y llévame al sol, a fundir pétalos de rosas, a bañarnos en polvos de mariposas, a reconstruir tréboles de suerte... A olvidar la vida terrestre.
Escríbeme en sangre, araña mis ojos, muerde mis oídos, siente mi desesperación. Te quiero aquí...Te deseo aquí... En cada viento, en cada lluvia, en todos los sabores y lágrimas, en cada pluma de cada ave que vuela sobre tu ventana. Te deseo en los libros, en el vaivén de mi cabello, en cada suspiro y cada pestaña. Te deseo aquí, en pasado y en futuro, a 300 km de tu casa.
Y recuerdo tu sonrisa y el beso que le seguía. El silencio en la habitación, en nuestra galaxia. Sólo nuestra. En el espacio donde nuestra gravedad sólo atraía nuestros cuerpos. No te alejes de nuevo, no quiero basura espacial por aquí. Tan sólo mi Aura, a ella y nada más.


La sombra de Poe

Cuando Hattie regresó al salón, le hice una seña. Para su sorpresa, y sin más preámbulos, le tomé la mano y se la besé, y luego le besé en la mejilla delante de todo el mundo. Uno tras otro, los invitados guardaron silencio.
-Usted lo sabe todo sobre mí -le susurré.
-¡Quentin! ¿Se encuentra mal? Tiene las manos ardiendo.
-Hattie, usted conoce los sentimientos que me inspira, con independencia de los chismes venenosos que hayan vertido sobre mí, ¿no es así? ¿Acaso no me ha conocido siempre, aunque ellos bostecen y sonrían forzadamente? Usted sabe que soy honorable, que la he querido, que la quería ayer lo mismo que hoy.

Me tomó la mano entre las suyas y me recorrió un estremecimiento al verla tan feliz sólo por escuchar unas pocas palabras sinceras de mis labios.


Nada para ti

Lo he reconocido una vez más. Lo nuestro es sólo algo pasajero, que ni siquiera nos importa a ambos. Permaneces constante en la nube, sólo tú, y yo en la tierra deseando (al menos) que bajes un momento a pasear por ahí.
No te amo, mucho menos te quiero, y no sé por qué diablos sigo ahí. Tal vez sigo en espera de alguien, de quien te he contado en pocas ocasiones. No sé por qué sigues conmigo, imagino que es el hecho de no estar solo y pensar que del otro lado de la ciudad hay alguien que piensa en ti, al menos de una forma nada agradable.

No me gusta fingir que nos interesamos en uno del otro (o al menos yo). Dejemos esto por una buena vez.