Corazón de cuarzo

Vamos, intenta envenenarme con tu voz, esa que sólo tú puedes adquirir cuando la tarde cae, cuando el ruido de la ciudad calla. En la oscuridad de sus túneles, en los callejones de besos perdidos. Frente al reloj.
Escapemos de la locura, de aquella que todo mundo cree contagiarse, y ahógame en silencio, dentro de las cuatro paredes de tu habitación. Cuenta los lunares de mi cuerpo, y aduéñate de ellos, arráncalos de mí, sáciate de ellos y marca besos en su lugar. 
Mata las ganas de morder fuerte mis labios, mi cuello, hasta sangrar y beber juntos de aquel sabor metálico, de combinarlo con el sudor de nuestros cuerpos, hasta que los labios se nos duerman y no puedas tomar más de mi alma... Hasta que nuestro deseo muera, bésame entonces.