Intermitente


Después de envejecer lo andado
Y recordar el pasado añejado,
Sin panoramas de esperanza,
Sin capacidad de esparcir el destellante aroma,
Miro el trópico enredado en tu sombra, tu falacia.

Turbio y suplicante,
Escuchando el oráculo de Proteo
Sin ver transformar el fuego en electrones,
Cruzan los amantes cegados por el tránsito de luces
Derritiendo naves con el tacto mortal de sus labios rozar.

Busco la salida del laberinto de plumas,
Con el suspenso empapado de lluvias de oro y madrugadas,
Extraviada en el fracaso náutico de tu osadía
Que hace temblar mi ilusión en el batir de tu llanto.

Besé madera de aquel árbol  y me astillé en su tronco,
Erosiona mis pasos, mi desierto;
Agua impregnada en el tiempo de mis pies,

Invisible, infinita… abandonada.